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La muerte: mito y realidad

Columnas > El psicoscopio
Por Javier Akerman

martes 26 de agosto de 2008 17:00 COT

Muerte

“Aprende a vivir y sabrás morir bien” (Confucio)

Está presente en nuestra vida diaria, acechante pero unida a todos los actos de nuestra existencia; la muerte ocupa el rincón más oscuro de nuestros temores, desafiando nuestros sueños e igualando a todos los seres humanos en un mismo destino inexorable. La vemos pero no la miramos, pues a pesar de su realidad consustancial a nuestra existencia tratamos de alejarla de nuestra conciencia. Es la “innombrable”, la que nos obliga a hacer uso de eufemismos para no poner en nuestra boca su nombre maldito. Pero está ahí, queramos o no, la reprimamos en nuestro inconsciente o la pintemos de cálidos colores para sosegar el miedo que nos hiela el alma. Muerte que va unida al dolor como acompañante maldito. Al final de nuestras vidas nos tendremos que encarar con ella, solos, sin que cuente en ese momento lo mucho o nada que hayamos tenido en nuestra corta existencia. Es el Acto Sublime. El Velo de Isis que se abrirá para nosotros en un acto íntimo de comunión con la eternidad.

Dios, la nada y la muerte

Viví la presencia de la muerte siendo muy niño, cuando mi abuela Matilde se murió en casa. Años después tuve que acompañar en su agonía a Verónica, por expreso deseo de ella y de su madre.Verónica falleció en el hospital con diecisiete años de un cáncer terminal que se la llevó en tres semanas, en las que se fue consumiendo poco a poco mientras conversaba conmigo en largas tardes de dolor y amistad. Ella marcó mi vida desde entonces. La última muerte ha sido la de mi padre Victoriano, que murió plácidamente con 87 años; su rostro fue el reflejo de su vida: Se fue muriendo calmado, sereno y sumido en un dulce sueño del que no despertó. Todos ellos ratificaron lo que las enseñanzas budistas me enseñaron: se debe vivir con un sentido ético para aprender a morir.

La muerte es la creadora de dioses y de refugios espirituales que tratan de sosegar el terror que desencadena su infinita verdad. Ha servido para serenar el alma abrazados a las múltiples creencias que se han ido construyendo con el cincel de la soledad y con el martillo del miedo, dando forma a diversas religiones que nos ayudan a reconciliarnos con la Parca y que llenan el vacío de un más allá ignoto. Pero en este artículo no voy a hablar de Dios, dioses, cielos o infiernos. Voy a apelar a nuestra madurez humana para “vivir en la vida la realidad de la muerte”. No es una práctica sádica que sirva para alimentar un sentimiento morboso; nada más lejos de la realidad. Es una forma sencilla y sana de higiene mental, de permitir que todos nuestros actos estén llenos de plenitud, de sentido y de conciencia. Eso se puede conseguir si en lugar de huir de la muerte nos enfrentamos a ella como lo que es: parte de la vida que puede incluso potenciar nuestra capacidad para disfrutar de cada uno de nuestros actos. Cada uno puede, además, seguir manteniendo su fe: creyente o ateo, agnóstico o “disidente teológico”.

El más allá… desde el más acá

Por mi condición de psicoterapeuta, teólogo y estudioso del budismo muchas personas me hacen preguntas sobre “el más allá”. Quieren que les ratifique lo que en los libros del Dr. Raymond Moody todos podemos leer: “El túnel, la luz al final del mismo, una presencia inefable que los llena de paz y amor…” El libro se titula Vida después de la vida y ha llenado de esperanza a muchos de sus lectores. No entro a analizar su rigor científico, solo lo que ha supuesto como fenómeno social y religioso.

Otro investigador, el Dr. Kenneth Ring, es el autor de La senda hacia el Omega, otro libro que estudia y recopila cientos de “Experiencias Cercanas a la Muerte” (ECM) desde una perspectiva científica.

Y no debemos olvidarnos de la Dra. Elizabeth Kubler Ross, una psiquiatra que ha ayudado a morir a muchas personas y que ha desmitificado desde la medicina científica los falsos tópicos que rodean a la muerte.

Muerte

Pero hay alguien que trasciende a los autores mencionados y que en mi caso me ha ofrecido otra visión sobre como afrontar la muerte y sus estados preliminares. Es el maestro budista Sogyal Rimpoché. Sogyal nos enseña a aprender a morir desde el “más acá”, para iluminar nuestras vidas con una mayor paz, sabiduría y serenidad. No nos habla de paraísos, de presencias angelicales o de místicas visiones. Nos habla de tu a tu, con una claridad encomiable y una calidez humana digna de un hombre que ha dedicado su vida al estudio de la conciencia y de la muerte. Su obra cumbre es El libro tibetano de la vida y de la muerte.

El Budismo Tibetano orienta al ser humano para que viva la muerte con plena conciencia. Para ello nos prepara en esta vida (el “más acá”) a través de la meditación y de los actos compasivos hacia los demás, en una vida que tiene como motor una ética intrínseca a cada acto diario.

El Budismo y la muerte

El Budismo nos enseña que todo es impermanente. Nada permanece aquí para siempre. Todo fluye a cada instante en un cambio irrefrenable. Nada es por si mismo, pues estamos compuestos de “agregados” diversos que juntos nos dan una ilusoria sensación de unidad. Pero no es así y la muerte se encargará de demostrarlo.

No me voy a centrar en los estados intermedios o “bardos” y de los rituales funerarios budistas. Nos vamos a centrar en la importancia de la meditación sobre la impermanencia y llevar en esta vida un código ético para “desapegarnos” de nosotros mismos y dejar de mirar exclusivamente nuestro ombligo para abrir los ojos y las puertas de la compasión a los demás. De esta forma nuestra vida adquiere otro sentido y la empezaremos a vivir más plenamente, despareciendo así poco a poco la “náusea del vacío existencial” y el miedo visceral al fin de nuestra vida, porque el miedo nace y se alimenta de los apegos egoístas.

Debemos aprender a “sentir” la muerte de los demás, aunque no los conozcamos, para enviar nuestra compasión hacia esos seres en una íntima y trascendente oración personal. Ahora tenemos un doloroso ejemplo, cuando acabamos de ser testigos del brutal accidente de aviación ocurrido en mi país el pasado 20 de agosto en el que han fallecido cerca de 160 personas. Debemos sensibilizarnos con el dolor de la humanidad, de toda la humanidad, para sentir la compasión y la benevolencia que serán antídotos eficaces contra el terror a morir.


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4 comentarios para “La muerte: mito y realidad”

  1. Luis Saurezegas
    martes 26 de agosto de 2008, 23:04 COT
    1

    No hay que temerle a la muerte que a más de ser un punto final de nuestras vidas es el paso boligado de quien al mundo ha llegado se nace y se muere, luego lo que vendrá alguién nos lo ha contado..? alguién ha regresado…? se habla de Jesús, de ello sólo los místicos cristianos lo dicen, sólo para el que tiene fé y no todos lo tenemos, porque la fé es ciega y se aparta del discernimiento.
    Creo en lo personal, todos llegaremos a un crisol y seremos apartados para bien o para mal: la escoria o la escencia.
    Quito, a 26 de agosto de 2008
    Luis Suarezegas

  2. Elgato
    viernes 29 de agosto de 2008, 20:52 COT
    2

    Talves escriba un libro que se llame: ” muerte despues de la muerte”, porque despues de la muerte nos vamos para el infierno, pero para el otro, el que sigue al de esta vida…

  3. lully
    domingo 31 de agosto de 2008, 15:50 COT
    3

    Es la ley de la vida, morir. Con conocimiento de causa (la partida terrenal de mi padre), te aseguro apreciado Javier que es armonioso y reconfortante prepararse para el buen morir. Prenne llega a mi mente el último suspiro de mi padre casi que con una sonrisa en los labios. Él decía, tengo que prepararme para la transición. Todo fue de la mejor manera,,lo incómodo es el vacío que ese ser deja por estas coordenadas.
    De los autores que mencionas, sin dudarlo me quedo con el libro del maestro budista Sogyal Rimpoché por su obra “El libro tibetano de la vida y de la muerte”. Es el que más se acerca a mis preferencias y que trasciende por el enfoque que le da a ese “más acá”, según tus referencias.
    Antes solía no querer hablar ni escuchar, ni mucho menos, expresarme sobre la muerte, ahora he superado esos temores y miedos y considero de relevancia manejar el tema con absoluta confianza.

    Un abrazo para ti apreciado Doc y amigo.

  4. Javier Akerman
    domingo 31 de agosto de 2008, 17:42 COT
    4

    Gracias a Luis y Elgato por sus comentarios, muy diferentes el uno del otro, pero que reflejan la diversidad de opiniones y creencias acerca de la muerte.
    Lully: Como siempre, gracias por tu apoyo y las reflexiones que nacen de un sentir inconmensurable.
    Un abrazo.

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