Según la revista Semana, las utilidades netas de las mil empresas más grandes de Colombia crecieron un 37% en 2005 y a los dueños de las 50 entidades del sector financiero les quedaron libres 5 y medio billones de pesos por concepto de utilidades.
Resultados como estos son mejores que los balances pesimistas y que las noticias de recesiones y quiebras; eso es un hecho. Sin embargo, esas sumas tienen que salir de algún lado y en el juego del ganar, alguien pierde.
Según el informe, publicado en la edición 1257 de abril 24 al 30 de 2006, la tercera parte de lo intereses que se ganaron los bancos viene de costos financieros: “uso de cajeros, servicios electrónicos y otros”. ¿Quiénes pagan esos costos? Los usuarios de los servicios. Y ¿quiénes son los que usan de esta clase de servicios? Los ciudadanos de a pie.
Antes que prestarle plata a la gente común y corriente, los bancos prefirieron poner una buena parte de sus recursos en inversiones menos arriesgadas, como los Títulos de Tesorería (TES), que son del Gobierno y en pagar intereses muy bajos a los ahorradores.
Al fin y al cabo los bancos son un negocio y no obras de caridad, podrían decir los banqueros.
Yo me pregunto, sin embargo, ¿dónde está la responsabilidad social de estas empresas? ¿Dónde su compromiso con el bienestar de la comunidad? Eso de poder alcanzar desorbitadas utilidades sin mejorarles las condiciones a los usuarios, que son los que le dan esas ganancias, solo se entiende en un país donde el gobierno de turno tiene algún impedimento para exigirle al sector bancario que modere su ambición. Me atrevo a decir que tiene que ver con favores que empiezan desde las mismas campañas políticas.
Colaboración especial para equinoXio de Markota
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