Petunias y expresión genética
Hace 16 años, en 1990, el profesor Richard Jorgensen, de la Universidad de Arizona en Tucson, trataba desesperadamente de manipular el código genético de las Petunias, para lograr un color rojo mas intenso en sus pétalos. Jorgensen sabía que el ADN que contiene el código genético de todas las formas de vida terrícolas tenía que ser convertido primero en ARN, en un proceso llamado transcripción. El ARN sería traducido a una secuencia de aminoácidos, que constituyen a las proteínas.
Para un experto en genética como él, era sólo cuestión de saber cuál es el gen. La única diferencia estructural entre el ADN y el ARN, es que en el primero las bases nitrogenadas que constituyen la secuencia de la cadena es la timidina, que en el ARN es reemplazada por el uracilo. El resto de bases son la guanitidina, la citidina y la adenosina, tanto en uno como otro. Por ende, en vez de introducir el gen en el código genético (ADN), pensó que era más fácil producir el ARN directamente e introducirlo en el citoplasma, y así forzar a la célula a producir las proteínas que darían una coloración más roja e intensa.
Jorgensen falló. Pero fallar en ciencia no tiene la connotación nefasta que algunos aplicamos en la vida personal. Es decir, como esas viejas frases de los padres y abuelos, que no nos gusta escuchar, y que apuntan a que todo es experiencia en la vida. De cualquier manera, Jorgensen acudió a dos colegas científicos americanos, llamados Andrew Fire y Craig Mello. En 1998 Fire & Craig publicaron su descubrimiento de un mecanismo celular llamado la interferencia de ARNm (Ácido Ribonucleico mensajero). Cuando hay moléculas de ARN como parejas de doble cadena en la célula se activa una maquinaria bioquímica que degrada aquellas moléculas de ARNm que llevan código genético idéntico al del ARN de doble cadena.
De esta manera la célula controla la expresión genética, y no se produce ninguna proteína del tipo codificado. De no ser así, produciríamos sustancias en exceso que nos dañarían, o no podríamos modular una expresión hormonal adecuada, por ejemplo. Así las nuevas investigaciones estarán encaminadas no sólo a conocer al genoma, o manipular mediante ingeniería genética una célula. Al conocer los mecanismos de regulación génica, indirectamente sabremos más para combatir las infecciones virales y bacterianas, y seguramente muchas otras aplicaciones para nuevas terapias en el futuro. Quizás se diseñen nuevas y más efectivas terapias para combatir el VIH (Virus del SIDA), y hasta podamos contrarrestar los nefastos efectos de las armas biológicas. Ah claro, casi se me olvidaba un pequeño e insignificante detalle: Fire & Craig ganaron el Premio Nóbel de este año por este hallazgo.
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