El “limpia trochas”
"En mis múltiples andanzas por las selvas venezolanas, bien fuera en una simple escursión o para visitar un interesante pozo de agua en un río para bañarnos, mi peculiar "sensibilidad" era bien recibida por todos. Yo detectaba la presencia de serpientes en un radio de unos dos metros más o menos. Es lo que yo finalmente denominé mi "área de seguridad" que viene a ser el espacio en mi entorno estirando los brazos en cruz. Podía ir caminando por un senderito entre la maleza y detenerme al recibir esa peculiar "sensación" que me avisa. Seguro que dentro de un par de metros se encontraba una serpiente en nuestro camino. Mis familiares y amigos siempre me enviaban delante; unos me llamaban el "limpia trochas" otros "el culebrero". Esto sucedió tantas veces que para todos los que me conocían pasó con mucho los límites de la casualidad. Los viejos lugareños decián que ese sentido solamente lo desarrollaban los indios que nacían y vivían en la selva sin mucho contacto exterior. Pero el echo es que yo lo tengo.
En una ocasión, en las playas de la Sabana de Caruao, en la costa central de Venezuela, unos primos me pidieron que les bajara unos cocos. Yo me adentré unos metros en un bosquedal de cocoteros mirando hacia las palmeras, buscando una que estuviera algo inclinada y no fuera muy alta. Me dirigía hacia una y cuando iba a dar un paso dejé el pie en el aire. Miré hacia el suelo y allí vi una larga culebra mapanare estirada tomando el sol, con la cabeza levantada mirándome. De haber dado aquel paso le hubiera puesto el pie encima. Yo bajé el pie, pero un paso hacia atrás y me quedé mirándola tranquilamente. Ella no percibió agresividad en mí y dio la vuelta adentrándose pausadamente en la espesura. Yo aborté mi intención de bajar cocos."
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