¿Estamos a punto de quemarnos?
Artículo destacadoPor Julio Suárez Anturi
lunes 17 de julio de 2006 0:08 COT

Si la literatura aporta a la realidad, o en realidad el asunto es al revés, se constituye en un tema al que, de tanto en tanto, se recurre. Hay quienes, secamente, piensan que la realidad es superior a la ficción.
Es antigua, también, la afirmación realista según la cual la literatura es algo que no sirve para nada, pero sin lo cual no podemos vivir. Se sabe, sin embargo, de un caso en el que el mundo de la investigación del comportamiento humano ha echado mano de la literatura para denominar uno de los malestares contemporáneos.
Hablo de Tomás, el personaje de la novela "La insoportable levedad del ser", del checo Milán Kundera. Un hombre sin expectativas de realización, con una baja percepción de sí mismo, cargado de desánimo, a quien le costaba levantarse cada mañana a enfrentar el día porque significaba el tedio.
El síndrome de Tomás recibe también la denominación del "quemado", burnout. Este padecimiento de estar exhaustos, de sentirse frustrados, de ser incompetentes, de verse inseguros, de atribuir sus errores a los demás, es contemporáneo.
De él se derivan, igualmente, malestares superiores, como depresión, irritabilidad, evasión del trabajo, alcoholismo encubierto, drogadicción, úlceras estomacales, migrañas, angina, agotamiento permanente.
En los casos en los que la persona tiene un bajo umbral de tolerancia puede causar vacío existencial y consecuentes ideas de suicidio, así como desgaste del idealismo.
Comúnmente lo llamamos estrés, y pareciera que nos resulta consustancial a los tiempos modernos. Y posiblemente lo sea, porque la sociedad en su conjunto, las empresas, los colectivos y el vecindario se mueven con un grado de exigencias que no todos soportamos igual.
Para evitar confusiones, vale decir que hay un grado de estrés positivo. Es esa chispa que nos alienta cuando sale el sol, nos lleva a trazar planes, imponernos metas y vislumbrar los mañanas por entre un conjunto de retos y relaciones interpersonales.

Pero todo tiene un punto límite, y desbordado este lo que viene es ese otro estrés, el negativo, el que nos causa molestias, nos impide trabajar bien y disfrutar de las relaciones con los demás y nuestra familia.
Empezamos a encontrar nuestra labor poco digna, y continuamos –hechos un manojo de nervios– después de que al compañero de oficina le acaban de cancelar su contrato –el conocido karōshi japonés.
Todo esto es terrible, porque mina a la persona, y es posible que también las cosas cambien en el hogar y entre familiares y amigos. Países enteros sufren de depresión, con la consecuente desintegración de la identidad de sus ciudadanos, haciéndolos sentir –aunque no lo sean, en realidad– víctimas del sistema.
Ya no hablamos de trastornos personales sino de la sociedad misma que está trastornada. Una sociedad así, frustrada por la ausencia de movilidad social, se volvería irritable –hasta para conducir un auto–, violenta, como Colombia, o depresiva, como indican los estudios que es en grado apreciable Chile.
El síndrome de burnout o de Tomás, solo causa que todo comience a marchar de la peor manera posible. Se pierden los objetivos y las energías se gasta sobreponiéndose a la desmotivación y la frustración. Son, como Colombia, Chile, Venezuela, Argentina, México y otros países del globo, poblaciones traumatizadas, sufrientes.
Aunque referido como un asunto laboral, aquí se hace lícito considerar que las empresas reflejan toda una cultura, forman parte del nervio motor del país, lideran el desarrollo económico y de servicios y, por tanto, su reflejo y consecuencias en el conjunto de la sociedad no es menos evidente.
Tanto como rigidez en las normas, sean empresariales o sociales, así como laxitud o desenfoque en las mismas, fácilmente producen un Tomás. Tanto el conflicto, real o imaginario, como la ambigüedad en los roles, sea en la empresa, el colectivo o la sociedad, producen un Tomás.
Un Tomás que puede reaccionar de diversas maneras, y no solamente como en la novela de Milán Kundera. Puede caer en depresión, reduciendo al mínimo sus competencias laborales y sociales, suicidarse o volverse un monstruo de Tasmania que quiere arrasar con todo lo que se ponga en su camino.

Generalmente todo comienza, en la oficina y también en el hogar, por nimiedades: alguien me movió lo que yo dejé aquí, quería almorzar frijoles y mi esposa o mamá preparó lasaña, aquel me obstaculiza el ascenso, tengo que hacerle el trabajo a ese otro, ella no es lo suficientemente rápida para elaborar un balance, o me mandaron por el pan.
Pequeñas cosas que permitimos se conviertan en asuntos decisivos en mi existencia. En mi existencia misma.
Todo lo cual produce traumas, ansiedades, depresiones, irritabilidad, sufrimiento. Personas, empresas, barrios, sociedades enfermas.
Si solamente pudiéramos detenernos un instante cada día, para asimilar nuestras frustraciones del momento, redimensionar nuestras tareas y labores, ofrecer ayuda y buscar apoyos, una corriente anónima pero determinante.
Preguntarnos qué podemos hacer para que el colectivo funcione mejor, la fiesta patronal sea más galana, se conviva mejor en este edificio, los turnos no sean tediosos. ¿Nos lo hemos preguntado alguna vez? En nuestro metro cuadrado, ¿qué podemos hacer para que un cambio favorable ocurra, y podamos sonreír de nuevo con la existencia?
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lunes 17 de julio de 2006, 09:11 COT
Muy buen artículo. Importante además ver que el burn-out es resultado del mal funcionamiento organizacional . Cuando una persona siente que su trabajo no tiene sentido y que no genera cambios importantes. La escaza movilidad social equitativa presente en Colombia puede explicar esta sensación. Creo que también los conflictos por valores lo generan, cuando una persona piensa que hay un ideal de las cosas, pero su trabajo solo lo aleja de este para poder mantenerse en él porque no hay más alternativas. El riesgo es mayor cuando la persona es muy sensible y proclibe a deprimise o sentirse ansiosa.
lunes 17 de julio de 2006, 10:24 COT
Julio, el tema del instante diario del pensar es imprescindible, pero insistimos en no dárnoslo hasta que comenzamos a sentir ” el calorcito”
Muy reflexivo tu artículo. gracias.
lunes 17 de julio de 2006, 13:22 COT
Tienes razón, Juan Francisco, que el burnout proviene del análisis del comportamiento organizacional, como se reseñó. Sin embargo, cuando ese funcionamiento organizacional también nos habla de desempleo, de miedo y ansiedad por el despido, de la no inclusión del egresado al torrente laboral, de la mala atención de los trabajadores de las entidades públicas y privadas -porque también están bordeando el burnout-, cuando todo esto, ya no es solo un asunto de las empresas sino de la sociedad entera. ¿Vive Colombia en esa ansiedad, en esa depresión, en la exaltación y la violencia? ¿Qué podemos aportar? Abrazo.
Algo así, Andrea, que solo me importa cuando me lesiona, cuando me toca o afecta alguien cercano. Las empresas se construyen dentro y de acuerdo al entorno, y “reciclan” gente todo el tiempo hacia el entorno. Entorno que se llama país. Ya tú conoces los estudios de depresión en Chile y el resultado se debe a los altísimos niveles de exigencia y la urgencia de del mayor ingreso posible. Abrazo.
lunes 17 de julio de 2006, 13:22 COT
Punto de partida y llegada a la angustia existencial. Hacemos tantas cosas…pero ¿sabemos realmente quienes somos?
lunes 17 de julio de 2006, 15:57 COT
Hola Julio:
Que casualidad tu artículo llegó en un buen momento, hoy, nuestro empleador nos sorprendió con una “Gimnasia de pausa” para prevenir el burnout en nuestro consultorio y con la posibilidad de invitar a nuestros usuarios.EN HORABUENA.
Saludos.
María Ventura.
lunes 17 de julio de 2006, 18:08 COT
En un mundo masificado, saber quiénes somos ya es subversivo, Guillo. Y pareciera que todo conspira para negarnos esa posibilidad. Pero asumiento las cosas sin dramatismo y entendiendo nuestras limitaciones, podremos andar sin angustias, sin depresiones, sin miedo a la vida y las personas. Has puesto el dedo en la llaga, y la propuesta es sanar la llaga. Abrazo.
Sí, María, una coincidencia que vayan a comenzar esos espacios de sanación contra el burnout. El sistema médico es, quizás, el que mayores impactos recibe de tener que escuchar y ver y tratar las desgracias humanas, tanto físicas como emocionales, y también necesita gimnasia de pausa o pausa de gimnasia: un pare, a ver. Grata visita a equinoXio. Abrazo.
martes 18 de julio de 2006, 07:51 COT
Maestro ¿qué cosas son eternas? Llaga sana, sana sana, rana ya.
martes 18 de julio de 2006, 10:52 COT
Pequeño saltamonte, tú que tienes sentido común deberías saber que Dios y este instante son eternos. Abrazo.
PD.-En la segunda parte de tu inquietud, ¿te refieres a "sana que sana, culito de rana"? (Eternamente agradecidos los bebés y las bebés cuando las madres nos sanaban, y creo que todavía lo hacen, nuestras infantes llagas emocionales, con ese poderoso y melódico conjuro.)
martes 18 de julio de 2006, 14:56 COT
Indudablemente hay que tener tolerancia.
La pregunta es como se crea, fomenta, inculca, aprende, esta tolerancia ? Para no ser otro Tomas y que la ficcion no supere nuestra realidad ( la realidad es algo bien personal ).
Claro que nos das la respuesta “Detenernos un instante cada día, para asimilar nuestras frustraciones del momento, redimensionar nuestras tareas y labores, ofrecer ayuda y buscar apoyos”
Es la unica respuesta pues todo seguira ahi…el stress negativo, y el stress positivo…
martes 18 de julio de 2006, 15:43 COT
La propuesta, María Claudia, es que no todo siga ahí, sino que, al alcance de mi mano, yo pueda hacer algo. Otro creen que el asunto se resuelve en masa. Yo creo en las personas, y una sola persona es suficiente para pensar que el esfuerzo valió la pena. Esperamos de Colombia que sea así y asá, pero en nuestros actos individuales la hacemos de esa manera desagradable que no queremos que sea. ¿Qué puedo hacer para ayudar a sanarla? Porque, ciertamente, Colombia está enferma. Y no es el único país en Latinoamérica que lo está. Abrazo.
martes 18 de julio de 2006, 17:00 COT
De acuerdo. Y creo ya lo estamos haciendo, estamos ayudando a sanar el enfermo al exponer estos temas en estos espacios. Tenemos el medio para hacerlo. El poder de la palabra es muy fuerte, y seguro mas de una persona que lea estos mensajes comenzara a hacerse la reflexion que tu expones “Que puedo hacer para ayudar a Sanarla ?
martes 18 de julio de 2006, 19:15 COT
Querido Julio: En nuestra media hora de cafecito para combatir el burnout, comentamos tu artículo en equinoXio, y surgieron del grupo otros síndromes cuya denominación viene de la literatura. Nos acordamos de Otelo y sus celos, Edipo y su enamoramiento de la madre, Electra y su enamoramiento del padre, Romeo y Julieta y los adolescentes enamorados que se apegan más como reacción en contra de sus familias que ellos sienten que los invaden, Peter Pan y el adulto que desea permanecer adolescente y La Bella Durmiente que es la mujer que pasivamente espera que llegue el hombre que le solucione su vida. Deben haber más. Sería interesante que alguien se acuerde de otros casos. Nos gustó el artículo, que llegó justo cuando estamos en "terapia" contra el burnout. Besos. Siempre tuya, Marta.
martes 18 de julio de 2006, 20:41 COT
Exacto, María Claudia, cualquier espacio, cualquier momento, cualquier interlocutor es valioso para hacer notar cuán importante es nuestra existencia para ponerla al servicio del otro, así lo consideremos una pequeñez, una sola gota, un grano de arena solamente. La verdadera revolución está en cada uno de nuestros corazones. Abrazo.
Magnífico inventario, amor, de la utilidad de la literatura a la comprensión del mundo íntimo del ser humano. Con la literatura ocurre en ocasiones como con la fe, que es un tontera, pero llena de sabiduría y capaz de explorar terrenos a los que la razón se resiste. Que se vuelvan multiplicadores del antídoto al burnout, no solo organizacional como institución, sino también como organización social. Mi reconocimiento a todos allá. Abrazo.
jueves 20 de julio de 2006, 07:54 COT
Maestro acertado: La alusión es correcta. A veces retomo la línea de Radragás para adaptar las palabras a la A y decir lo mismo de tal manera. Pocos como tu captan la maña.
Adenda: Recuérdote eso sí, que el sentido común no sirve para percepciones tan finas que solo la líbido permite.
Readenda: Saludos a Macaya.
Rereadenda: Maestro, por qué la fé es una tontera?
jueves 20 de julio de 2006, 12:57 COT
Panorama desolador. Kundera precisamente recuerda el dilema de Parménides. ¿Qué hemos de elegir, el peso o la levedad? La carga diaria de realidades y tristezas, de amor y dolor, de obligaciones y entrega. “Cuánto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estarà nuestra vida, más real y verdadera será”. Pero contraponiéndose a ella está la levedad, la ausencia de carga, que hace que el hombre “sea más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno. que sea real solo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes” ¿Cuál es mejor? Todo en su justa medida. Necesitamos de la pesada carga diaria para encontrarle sentido a la vida, pero también necesitamos librarnos de parte de ella, para trascender.
jueves 20 de julio de 2006, 15:17 COT
Definitivamente las voces urbanas deben regresar a la reflexión del ser en lugar del hacer. Articulos como este que escribes, me recuerdan que nos preocupamos demasiado por ser guerreros de causas ajenas, y olvidamos la causa personal más importante, la búsqueda de la propia felicidad.
Por ahí dicen los analistas que las tendencias depresivas y violentas que señalas responden a un descenso en la capacidad de desear con otros, y a un incremento en la busqueda de sensaciones placenteras cada vez mas individualizadas. Se revela una tendencia contemporanea del sujeto en la que hacer define lo que somos. Exito, progreso, felicidad, parecen ser lo mismo. Ahí no hay lugar para el otro, mucho menos para la tolerancia.
Sin rayar en el pesimismo, claro. Vamos en buena dirección cuando encontramos discusiones como la que suscita tu artículo. Abrazos desde la pileta.
jueves 20 de julio de 2006, 22:18 COT
Gracias por tu aporte, Guillo. Abrazo.
Sí, es bueno el estrés positivo, Marco, pero a veces se nos extravía el para qué. Abrazo.
Muy probablemente la depresión y la violencia provengan de ese solipsismo que señalas, Andrea. Volver a Dios nos hará bien. Abrazo.
domingo 23 de julio de 2006, 14:07 COT
“La mejor cura para el cuerpo es tranquilizar el espíritu”. (Napoleón)
La fórmula más completa para el síndrome en cuestión es indudablemente EL AMOR.
Mírenlo desde sus ópticas y todo terminará ahí, EN EL AMOR. Y no hablo del amor en pareja únicamente, me refiero a saber amarnos todos, amar lo que hacemos, amar nuestros instantes, amar el ahora, AMAR, SÓLO AMAR.
Un cordial saludo para tod@s! y felicitaciones a Julio por abordar este tema
domingo 23 de julio de 2006, 14:09 COT
¡FELICITACIONES A JULIO POR ABORDAR ESTE TEMA!
P.D.: ¡Rico verte sonreir!
domingo 23 de julio de 2006, 15:52 COT
Estoy de acuerdo contigo, Lully: el amor es sanador, y supongo que por eso tú andas rozagante y jugosa, como una manzana chilena. Abrazo.
PD.-Solo en contadas ocasiones no soy rico, perdón, sonriente.
lunes 24 de julio de 2006, 21:21 COT
Veo que sí eres lindo!!
y que decir de los duraznos en almibar que llegan de Chile? Los adoro, qué delicia!!
Cordial saludo!!
jueves 27 de julio de 2006, 20:31 COT
Hola Julio!!
Por acá sonriendo porque esta familia equinoXio no se pierde detalle, ya supieron que estaba por toda la casa “buscándote” para hacer una pausa activa a las actividades y sacarle sentido del humor a lo sucedido, pero todo es por el sano compartir, ellos son ¡terribles! aunque adorables.
Julito: Se me olvidó decirte que esa frase halagadora ” (…) que por eso tú andas rozagante y jugosa, como una manzana chilena”.
Fue muy sonora para mí y quedará guardada en mi lista como uno de los “piropos” bellos que me hayan dicho.
Bueno, y hoy te daré un beso (en la mejilla) en señal de mi amistad, (esperemos que esos terribles no lo tomen a mal.
Dulces sueños!