La “traición” de Washington a Tokio
Columnas > Ciudadano del mundoPor Julián Ortega Martínez
martes 27 de febrero de 2007 0:01 COT
La primicia la tuvo el diario japonés Asahi Shimbun, cuyo corresponsal Nobuyoshi Sakajiri reveló el 8 de febrero que, según algunas “fuentes”, Estados Unidos y Corea del Norte habían firmado un memorando en enero en el que el régimen de Kim Jong-il se comprometía a desmontar uno de sus reactores nucleares a cambio de ayuda humanitaria de parte de Estados Unidos. El mismo día iniciaba una nueva ronda de diálogos a seis bandas (China, las dos Coreas, EUA, Japón y Rusia) en Pekín, destinadas de nuevo a negociar con Corea del Norte su desarme nuclear. Con el memorando como base, durante la tercera sesión se logró un acuerdo “histórico”, por el cual Corea del Norte se comprometía a suspender el procesamiento de uranio en la planta de Yongbyon en un plazo de 60 días, mientras los seis países crean “grupos de trabajo” en asuntos tales como las relaciones EUA-Corea del Norte, ayuda económica, seguridad y la “desnuclearización” de la península, a cambio de que se provea al país del equivalente a 50.000 toneladas de combustible en ayuda humanitaria.
Los medios mundiales registraron el “hito”en las negociaciones con el país comunista, empezando por su vecino del sur, cuyos medios recibieron con buenos ojos el acuerdo, si bien algunos guardaban un optimismo moderado, que no lo fue tanto en los medios chinos. Algunos destacaron el papel que George W. Bush tuvo en el acuerdo. Rusia, por el contrario, rechazó el acuerdo, pues no logró el desarme total de Corea del Norte. En Japón, las reacciones fueron de tenor similar, y el primer ministro Shinzō Abe se mantuvo firme por el tema de los rehenes japoneses que, se cree, Corea del Norte tiene retenidos. Sin embargo, lo cierto es que Abe se queda solo manteniendo la línea dura respecto de Pyongyang, la misma que le ayudó a subir al poder en septiembre, apenas días antes de que Corea del Norte llevara a cabo su primer ensayo nuclear. Sobre los diálogos apunta el Asahi:
“Corea del Norte tiene un largo historial de incumplimientos en sus promesas a la comunidad internacional. Puede ser demasiado optimista esperar que el nuevo acuerdo se cumpla a cabalidad. No obstante, damos la bienvenida a este trato exhaustivo, que compromete a Corea del Norte a desmantelar sus instalaciones nucleares. La comunidad internacional no tiene otra elección más que usar este acuerdo como punto de partida para los esfuerzos destinados a lograr la desnuclearización total en Corea del Norte”.
Abe tuvo que suavizar su posición sobre Corea del Norte debido al acuerdo, a pesar del tema de los rehenes, cuyos plagios Kim Jong-il reconoció en 2002. De hecho, según el mismo diario fue más allá:
“[El acuerdo es una] mala noticia para Abe. El primer ministro sigue afirmando que Japón no proveerá asistencia energética a Corea del Norte hasta que se resuelva el asunto de los secuestros de ciudadanos japonesas por parte de Pyongyang. […] En la última ronda de discusiones relacionada a los diálogos a seis bandas, Japón dependió de EUA para sacar adelante el diálogo con Corea del Norte. […] En sus discusiones con el vicecanciller norcoreano Kim Kye Gwan, el secretario asistente de Estado de EUA Christopher Hill dijo que su país no accedería a crear un grupo de trabajo para discutir la normalización de las relaciones entre EUA y Corea del Norte a menos que otro grupo se creara para los lazos entre Japón y Corea del Norte. Oficiales japoneses dijeron que sus esfuerzos de lobby condujeron a una cláusula en el acuerdo por la cual EUA empezaría a trabajar en la eliminación de Corea del Norte de la lista de países que apoyan el terrorismo. [Ellos] querían que se incluyera esa cláusula porque [esas charlas] probablemente forzarían a tratar el tema de los secuestros[, pues ello] es uno de los elementos incluidos en la designación de Corea del Norte como estado patrocinador del terrorismo. Pero Washington y Pyongyang podrían proceder a eliminar a Corea del Norte de la lista sin que haya progreso alguno en el tema de los rehenes”.
Así las cosas, Abe la ve negra. La decepción es tan enorme que el vicepresidente estadounidense Dick Cheney realizó una sorpresiva visita a Tokio para reafirmar la amistad de ambos países. Mientras tanto, las dos Coreas empiezan justo el día de hoy una serie de charlas tendientes a normalizar sus propias relaciones (aún más), después de las pruebas nucleares de octubre pasado. China festeja su papel de mediador en el acuerdo, mientras Rusia permanece a la espera, al igual que todos nosotros. Algunos se atreven a decir que no ha pasado nada, bien sea por la ambigüedad en los términos del acuerdo (ni “desarme” ni “arma” aparecen en el texto del mismo), o porque ni Corea del Norte, a pesar de la cuantiosa ayuda que va a recibir, ganó, ni Washington, a pesar de las en apariencia gigantescas concesiones, perdió. Por su parte, Japón se sentirá “traicionado” un tiempo más y Pyongyang, tras haber hecho su mejor negociación, parece disfrutar del éxito conseguido.
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