¿Esperanza en Uganda?
Columnas > Ciudadano del mundoPor Julián Ortega Martínez
martes 12 de septiembre de 2006 0:16 COT
El pasado 2 de septiembre, el presidente de Uganda, a través de un portavoz del Ejército, declaró una tregua con miras a buscar un acuerdo con el Ejército de Liberación del Señor (LRA, por sus siglas en inglés), un grupo extremista paramilitar cristiano con el que está en guerra desde hace 20 años y que ocupa el norte del país y una provincia del sur de Sudán. Asimismo, suspendió las órdenes de captura contra sus líderes a fin de crear un corredor para que los rebeldes asistan a algunas reuniones para buscar algún acuerdo. La tregua gubernamental siguió a un alto el fuego ordenado por el líder del LRA casi un mes antes.
A consecuencia del conflicto, más de dos millones de personas han sido desplazadas, 20.000 niños han sido forzados a ingresar a las filas del LRA, 12.000 personas han muerto de forma directa, otros miles más de forma indirecta y tanto los rebeldes como el ejército gubernamental han cometido innumerables violaciones a los derechos humanos: secuestros, violaciones, mutilaciones y masacres, del lado de los rebeldes, y torturas y detenciones extraoficiales del lado del ejército. Centenares de niños, conocidos como caminantes nocturnos, recorren hasta 20 km desde los campos de refugiados hasta las ciudades, a fin de ponerse a salvo del LRA, grupo que cercena los labios de las mujeres acusadas de "colaborar" con el ejército.
Anteriormente ya se había intentado un proceso de paz en el país africano. En 1994 hubo unos primeros acercamientos. Tras los atentados del 11-S, Sudán dejó de apoyar al LRA, con el que colaboraba en represalia por la ayuda que Uganda le había brindado al Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán, pero en 2002 una ofensiva del ejército ugandés recrudeció el conflicto. Por solicitud de Uganda, la Corte Penal Internacional (CPI) emitió en 2005 órdenes de captura contra cinco líderes del LRA. Por esto y por la presión militar, desde finales del año pasado los rebeldes han buscado acercamientos con el gobierno. En junio de este año, mientras se iniciaban conversaciones de paz al sur de Sudán, el líder del LRA, Joseph Kony, autoproclamado líder espiritual, negó en una entrevista concedida a la BBC las atrocidades que se le imputan.
Aunque el gobierno ugandés dio como plazo el 12 de septiembre para alcanzar un acuerdo sostenible, la fecha podría cambiarse a medida que llegan más líderes rebeldes y se inician los diálogos de manera formal. Museveni ha ofrecido incluso amnistía para las principales figuras del LRA, generosidad cuestionada por organizaciones de derechos humanos y a la que se opone la CPI. El Subsecretario General de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, Jan Egeland, quien en 2003 había alertado sobre la gravedad del conflicto, exigió la liberación inmediata de las mujeres y de los niños secuestrados, acto que el LRA parece dispuesto a realizar.
La solución a uno de los conflictos más largos de la convulsionada historia africana podría estar cerca, pero ¿a qué precio? ¿Pasará lo mismo que en nuestro país? ¿Perdón, olvido, curules, centros vacacionales, escándalos militares? Amanecerá y veremos.
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martes 12 de septiembre de 2006, 07:08 COT
Excelente artículo, Julián, no sólo por su contenido ilustrativo, sino porque llamas la atención sobre una de las guerras más sangrientas y olvidadas de nuestro tiempo.
Respecto a la paz que se avizora en el horizonte, infortunadamente, en muchos de los casos tiene un precio muy alto. Recuerdo que en El Salvador, uno de los puntos álgidos fue la disolución de las fuerzas armadas y la creación de un nuevo cuerpo armado en la que se permitió el ingreso de los combatientes guerrilleros (FMLN).
Pero, claro, son otras circunstancias, otro escenario. Simplemente un ejemplo de las cesiones a las que hay que llegar, teniéndose en cuenta que los crímenes de lesa humanidad no son negociables y sus responsables deben sufrir el castigo correspondiente.
martes 12 de septiembre de 2006, 07:22 COT
Yo me he venido preguntando por qué piden liberar a las mujeres y no a los hombres. Los niños no tienen discusión pero en estos tiempos de igualdad no es sensato que se abogue por la liberación de las mujeres como si fueran seres inferiores incapaces de soportar. En todos los conflictos se debería pedir loberación en general, sin matices ni discriminaciones aparentemente de buena fe.
Ojalá se logre la reconciliación en Uganda, de la que tan poco sabemos. Imagino que para ellos hablar de Colombia significa Pablo Escobar como para nosotros ellos tienen el rótulod e Idi Amin Dada. Todos somos ignorantes
martes 12 de septiembre de 2006, 09:42 COT
Marsares ya lo dijo, bastante ilustrativo Julián. Gracias por la columna. Con el caso de Colombia habrá que ver que solo un milagro (hablo de la CPI) meta la mano, por que este pueblo a veces parece no despertar. Amanecerá y veremos.
Saludos
martes 12 de septiembre de 2006, 20:35 COT
No se quisiera, pero la paz en medio de una circunstancia crítica siempre tiene un costo, a veces demasiado elevado. Gracias Julián por rescatar la memoria. Abrazo.