El 20 de julio del 2008 muchas personas se reunieron en todo el país a marchar por la libertad. En Medellín, las calles y los medios de transporte como el metro se encontraban llenos de gente con camisetas blancas y con el tricolor de nuestra bandera, con diversos mensajes clamando por la paz y la libertad.
Un personaje zipaquireño que no se pierde marcha alguna (Fotos: Yassef Briceño García / especial para equinoXio)
Zipaquirá definitivamente es una Colombia chiquita, ya las marchas, manifestaciones, carnavales y desfiles son normales en esta ciudad al norte de Bogotá.
La ciudad de San Juan de Pasto, al igual que el resto del país, se unió a las marchas con el lema del 4 de febrero: decirles NO a las conductas delictivas de las FARC, junto con el hecho de pedir por la libertad de todos los secuestrados.
Así se veía la 7a. al norte de la calle 33 a las 09:17 del 20 de julio de 2008 (Foto: Julián Ortega Martínez / equinoXio, licencia CC-BY)
Muy temprano y a pesar del frío centenares de personas se concentraron en la carrera 7a., de la calle 35 hacia el norte. La marcha comenzó unos minutos después de las 9 de la mañana. En la sede política del polémico Carlos Moreno de Caro, en diagonal al Parque Nacional, había dos pancartas antisecuestro con el tono característico del embajador en Sudáfrica.
"Ni un secuestro más, carajo! Moreno de Caro" (Foto: Julián Ortega Martínez / equinoXio, licencia CC-BY)
Instituciones como el CINAT, la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, la Asociación de Reclusos Desmovilizados por la Paz, entre muchas otras, se hicieron presentes desde el comienzo. Los marchantes, que por tratarse de un domingo incluían personas de todas las edades y mascotas "vestidas" para la ocasión, avanzaron con cierta rapidez. "¡Libertad, libertad para todos!" fue una de las primeras consignas. Las víctimas de la guerra (por razones distintas al secuestro) también estaban.
Desde el puente peatonal de la 7a. con 32 pude tomar algunas de las fotos que ustedes ven acá, las cuales dan cuenta de la magnitud de la movilización en esta zona de la ciudad. En el puente se encontraba la barranquillera Rosa María Corcho, de Noticias Caracol, entrevistando en directo a familiares de secuestrados y de desaparecidos. Abajo, la marcha continuaba. Llamaban la atención los seguidores de la ex candidata presidencial y ex secuestrada Regina 11. También aparecerían los familiares de los secuestrados del ELN, de alguna manera olvidados por ser víctimas de un grupo diferente al que concentra el odio y el repudio de la mayoría de los colombianos.
Por supuesto, y dado que se trataba del día de la "Independencia", no tardarían en aparecer las pancartas ‘veintejulieras’, los recolectores de firmas para la segunda reelección de Uribe o para la revocatoria del Congreso y, por supuesto, las arengas abiertamente uribistas (o algunas "genéricas", como "Nosotros, los buenos, siempre somos más"). En la Jiménez cantaron el himno nacional, y durante mi recorrido pude oír a Juanes por lo menos tres veces, desde tarimas ubicadas en algún costado de la 7a. Todo ello, que empecé a notar más a medida que la marcha se acercaba a la Plaza de Bolívar, es reflejo del momento político, desde luego.
También hubo otros personajes más agradables y, en algunos momentos, cánticos más optimistas (o menos negativos). La banda de la IED Miguel de Cervantes Saavedra, los luchadores, los de las pancartas en otros idiomas y, obviamente, las víctimas del secuestro, los verdaderos protagonistas de esta movilización.
Los visos de sol no fueron suficientes para calentar los ánimos partidistas, como ocurrió el 4 de febrero pasado. Cuando aparecieron los partidarios del Polo Democrático, algunos uribistas intentaron provocarlos con arengas como "Uribe, amigo, el pueblo está contigo". Algunos polistas se reían socarronamente, otros hicieron caso omiso de los gobiernistas. Otros aprovecharon para repartir propaganda. Hasta conjunto vallenato tenían. Desde luego, aparecerían también las pancartas mencionando a Hugo Chávez, a Daniel Ortega o a la senadora Piedad Córdoba.
A pesar de que algunos grupos de marchantes se detenían durante algunos minutos para esperar a los demás y para retrasar su llegada al punto de encuentro, los primeros manifestantes entraron a la plaza de Bolívar menos de dos horas después de iniciar su caminata desde el Parque Nacional. Los recibiría una tarima al frente de la Alcaldía, con dos pantallas gigantes (una, afuera, con la señal de RCN; la otra, dentro de la tarima, con la de Caracol TV). Cuando llegamos a la Plaza, escuchamos la voz de la portavoz no oficial del régimen Vicky Dávila mientras los alcaldes de Bogotá y de París se dirigían al público.
Una corta llovizna coincidió con el final de las intervenciones en la tarima y el comienzo del Gran Concierto Nacional. La mayoría de los marchantes salieron hacia el occidente, por la carrera 8a., pero la plaza se mantendría llena por la gran cantidad de personas que seguía llegando por la 7a. Afortunadamente, la plaza de Bolívar fue escenario de pluralidad en lugar de campo de batalla. Quizás haya ayudado el hecho de que, a diferencia del 4 de febrero, con la farsa de las FARC durante la liberación de Clara Rojas, el rescate de Íngrid Betancourt catalizó parte del habitual odio de algunos uribistas.
Aun así, queda un sabor agridulce de todo esto. Sin hacer mucho caso de los que le reprochan a la marcha el hecho de haber sido convocada por los medios y apoyada por el gobierno, queda claro que somos muchos los que rechazamos el secuestro, y de eso se trataba la movilización. No obstante, los dueños del poder siguen aprovechando este rechazo ciudadano para que olvidemos los desaciertos del régimen y los crímenes de los demás grupos armados. Al fin y al cabo, y como dijo ayer una amiga, otras marchas con propósitos tan loables como la del domingo pasan desapercibidas para la mayoría de los colombianos, porque no cuentan con el bombo mediático y no sirven para tapar escándalos. Quizás algún día, cuando estemos más curtidos en esto de marchar (o desfilar), más colombianos nos atrevamos a movilizarnos por iniciativa propia y no porque los medios lo "ordenen". A veces pareciera que las FARC no fueran las únicas ancladas en el siglo pasado.
La historia de los pueblos siempre han estado marcados por las actitudes civiles, y estas se dan cuando la gente entiende que sus acciones ayudan a construir el derrotero. Durante muchos años el verbo “marchar” fue propiedad de unos pocos que entendían su validez, pero en Colombia se hacía necesario un despertar del gran conglomerado ciudadano. Cuando más resignados estábamos a los vaivenes sociales y la sombra arrasadora de la guerra, la mayoría entendióque las formas vitales del cambio se dan desde las propuestas colectivas.
Desde los diferentes puntos de encuentro: Teatro Pablo Tobón Uribe, Puente peatonal de San Diego, Biblioteca Pública Piloto y Plaza Botero, los habitantes de Medellín nos reunimos con un mismo sentir desde tempranas horas de la mañana para manifestar nuestro decidido rechazo a la violencia y al secuestro, y nuestro sentimiento patrio, cabe decir que nuestro arraigado regionalismo cedió frente al sentir nacional.
Marcharon entidades de todo tipo, desde representantes gubernamentales, centrales obreras,, gremios del sector privado, discapacitados, harlystas, hasta representantes de las diferentes iglesias, católica, evangélicos y krisnas quienes amenizaron con su música y danzas particulares. Se escuchaban gran variedad de formas de participación, el canto del himno nacional, oraciones católicas, consignas como ¡Colombia!, ¡Libertad! En medio de papayeras, bandas y el pueblo en general que a veces proclamaba cosas como: “¡abajo la insurgencia guerrillera!”, “¡Libérenlos ya!”, “se vive, se siente Colombia está presente” y una que en la marcha del 4 de febrero se escuchó mucho, sólo que la adaptaron a las circunstancias del momento: “Ortega si tanto los querés llevátelos pa’allá, te encimamos a Piedad!”
Para muchos la jornada del día de hoy fue una oportunidad para conseguir ingresos adicionales, se vendían en la calle: banderas, pitos, globos, sombrillas, botones, y toda clase de bebidas refrescantes.
La mayoría del pueblo colombiano queremos independizarnos de la opresión de la violencia guerrillera, hoy 20 de julio día en el que conmemoramos nuestra pasada independencia se los hicimos sentir. Llegará el día en que podamos proclamar: ¡somos libres del secuestro y de los actos violentos de los grupos armados!
La mañana estaba radiante y el brillo del sol hacía ver más colorida y festiva la marcha de Pereira que se inició a las nueve de la mañana desde el Parque La Libertad. Miles de personas recorrieron las carreras séptima y octava hasta Ciudad Victoria el nuevo e inmenso parque al frente del centro de cultura Lucy Tejada.
Encabezado por el gobernador, el alcalde, el obispo, y las autoridades militares el recorrido resultó tan multitudinario que las últimas personas del inmenso desfile llegaron al parque no mucho antes de las doce del día. Se inició entonces el concierto, con bandas y coros donde cerca de 600 artistas se dieron cita para expresar musicalmente su solidaridad con los secuestrados. Después de media hora el evento se vio afectado por el torrencial aguacero que se desató sobre la capital de Risaralda, mojando a muchos de sus participantes..
Más de mil hombres del Ejército, la Policía, CTI y DAS, se encargaron de la seguridad de las marchas en todo Risaralda. En Pereira, su presencia era discreta y amable y prácticamente de acompañamiento, ya que durante todo el recorrido predominó un ambiente sereno, alegre y en ocasiones muy festivo, a pesar de las diferencias ideológicas que se reflejaban en los cientos de grupos que desfilaron.
Se gritaron miles de consignas, desfilaron muchas bandas populares, algunas de ellas ejecutando parodias de canciones tradicionales, con el fin de resaltar las ideas que motivaban a los manifestantes a emplear su domingo de descanso para manifestar su indignación frente al terror, el secuestro y el chantaje de los grupos violentos.
Una de las chirimías por ejemplo coreaba con cientos de manifestantes el popular verso: “Mama ¿qué será lo que quiere el negro” al que respondían con “Paz y libertad”.
Había pancartas institucionales de todos los tamaños y cientos de otras escritas a mano alzada y con marcadores de colores por ciudadanos que querían expresar distintos puntos de vista sobre el momento político que se vive. Y muchas de ellas eran encontradas. Mientras en algunas se enfatizaba la necesidad de una Colombia sin armas, en otras destilaba “el odio hacia las FARC” y la condenación exclusiva de dicho grupo violento.
Lo que más me llamó la atención fue el ambiente de tolerancia entre los manifestantes. No percibí un solo encuentro entre los portadores de distintas consignas o insignias. A todos parecía unirles la idea de salir a expresar públicamente su petición de “liberación para los secuestrados” y de rendimiento de los grupos alzados en armas.
Una de las cosas más impresionantes del desfile de Pereira fue una larga e inmensa bandera de Colombia portada por miles de manifestantes. Dicha bandera se extendía por cuadras y cuadras del recorrido. Imposible saber cuántos metros tenía pero pasaba con seguridad de más de los mil metros.
Una vez reunidos en Ciudad Victoria se inició con el Himno Nacional de Colombia muy apropiado para el momento pero en lugar de continuar con los artistas invitados se inauguró el concierto con una oración del obispo de la Diócesis de Pereira, Tulio Duque Gutiérrez.
Algunos asistentes cuestionaron la manera burda como ciertos prelados (incluído el "piadoso" presidente Uribe) vienen aprovechando recientes momentos claves de la vida nacional para hacer proselitismo vergonzante. Igual hicieron los representantes de varios credos religiosos que desfilaron con la misma actitud y con imágenes religiosas que nada tienen que hacer en un evento de alto carácter ciudadano y laico.
En este caso a la Iglesia Católica (como antes) se le otorgó un privilegio del cual no gozan otros cultos. No existe razón alguna para que la religión de la mayoría de los colombianos (tan respetable como cualquier otra) tenga una prelación que no le otorga ni la Constitución ni las leyes. Estos fueron los únicos lunares de una marcha que reafirma la manera como los colombianos se vienen auto-educando en el activismo político y la participación ciudadana por encima de las diferentas de clase, etnia, credo o región.
(Las fotos espero poder publicarlas mañana. Hoy fue imposible).
A eso de las ocho de la mañana me empecé a preparar para cubrir una de las marchas que se programaron hoy para rechazar el secuestro, la cual partía desde la Autopista Sur con Avenida Villavicencio, al suroccidente de Bogotá, con destino final en el Parque Metropolitano El Tunal, para encontrarse con la otra marcha programada para el sur de la ciudad.
Mi marcha de hoy tuvo inicio en la calle 116 con carrera 50, de donde salí para llegar hasta uno de los puntos donde se iba a concentrar la gente para decirle NO MÁS AL SECUESTRO. Al principio parecía que solo éramos mi papá, mi mamá y yo en la marcha; sin embargo, a medida que nos fuimos acercando hasta la calle 100 con carrera 15, la cantidad de personas fue aumentando exponencialmente hasta convertirse en un gran conglomerado que caminaba lentamente. La primera impresión que tuve fue la de una marcha sin logos específicos, en la que los marchantes (con las camisetas que utilizaron el 4F y el 6M) solo iban acompañados de sus pitos, mas no de sus voces.